Hace un poquito más de un año atrás, me invitaron a predicar en un evento de jóvenes en Clermont, FL. El mensaje que Dios había puesto en mi corazón para ese evento estaba basado en Santiago 5:18, en donde dice: Y otra vez [Elías] oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.

Después de terminar de predicar en el primer culto, mi hermana y yo regresamos a la oficina del pastor para tomar agua y prepararnos para el segundo culto. Mientras estaba sentado, tomando mi agua, una señora y su hija entraron a la oficina. La señora tenía una pintura en la mano. ¡La pintura era hermosa! Era un lienzo que había sido pintado de un azul oscuro, había muchas rayitas blancas esparcidas, y en la parte de arriba del lienzo, había círculos grises (te prometo que la pintura era más bella de cómo lo estoy describiendo)

Ella me entregó la pintura, y empezó a llorar. Ella dijo: “Evangelista, quiero que tengas esta pintura. Hace un tiempo atrás, yo lo pinté. Mi hija y yo estábamos pasando un momento difícil”. Ella comenzó a compartir un poco de lo que ella estaba atravesando en esa temporada de su vida. Mi corazón se conmovió por lo que estaba compartiendo. Después de algunos minutos de ella compartir lo que había atravesado, ella dijo: “El trasfondo azul oscuro es la oscuridad que nos rodea. Las rayitas blancas esparcidas son las gotas de agua. Yo pinté esto como un recordatorio de que a pesar de la temporada en la que yo estaba, una temporada seca en la que sentía que Dios había cerrado los cielos, Él estaba a punto de abrir los cielos sobre nosotros. ¡Creo que lluvia viene para mi familia!”

Yo no sabia que decir. Me sentía honorado de que ella me regalara esta pintura, pero al mismo tiempo estaba maravillado por la historia detrás de la pintura. Ella había pasado por tremendo dolor, rechazos horribles, y había sobrevenido tragedias en la vida, pero ella estaba alegre a pesar de todo lo que había pasado. Ella estaba pintando a pesar del dolor. Ella estaba floreciendo a pesar de la tragedia. Dios había estado con ella.

Yo no se de ti, pero yo he tenido muchos “a pesar de” momentos en mi vida. Yo estoy aquí a pesar de una crisis de salud. Yo sigo ministrando a pesar de los obstáculos. Yo sigo dando a pesar de las restricciones. Yo sigo amando a pesar de la gente que me ha herido.

Yo no se cual es tu historia, pero estoy seguro que has tenido muchos “a pesar de” momentos en tu vida. Estas de pie a pesar de…

¡Te animo a que sigas hacia adelante! ¡A pesar de lo que estas pasando, sigue pintando! ¡A pesar que lo que te estas enfrentando, sigue empujando! ¡A pesar de este momento de sequía en tu ministerio, sigue ministrando! ¡A pesar del dolor que estas sintiendo, sigue adorando!

***Los cielos están a punto de abrir***

-Evg. Jason Cárdenas